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    4 traumas que debes olvidarte en el ciclismo

    Conoce cómo cuatro ciclistas superaron sus temores en la bicicleta y lograron alcanzar sus objetivos deportivos y personales.



    El miedo a estar entre el tráfico

    The handlebar view of a male bike courier in New York City going past cars on both sides in a traffic jam during rush hour.

    El camión delante de mí se detuvo para girar hacia un parque que estaba justo al otro lado de la calle, tuve que frenar apresuradamente y con poco espacio para maniobrar; mis primeros pensamientos, giraron en torno a no sentirme totalmente protegido para un accidente, pensé en un cinturón de seguridad y una bolsa contra impactos, recuerda la ciclista Patty, acerca de su experiencia personal, en la que no tuvo inconvenientes que lamentar.
    Mis primeros pedaleos sobre la bicicleta fueron de niño, en los suburbios, justo antes de que mi familia y yo nos mudaramos al Bronx, ahí la inseguridad hacía de las suyas y no permitía que los chicos estuvieran libremente en las calles pedaleando. Ahora que soy adulto y tengo 43 años, vivo en Wetchester, Nueva York y muy cerca de mi residencia existe una ciclovía, a la que evitado por al menos 8 años, por temor a tener que cruzar un trayecto largo y atravesar el tráfico de la ciudad.

    Me encontraba probando una bicicleta nueva en una tienda de Brooklyn, en una cuadra peligrosa, justo en una pendiente, en donde una mujer empujaba un pequeño coche y también había turistas pasando; después de tomar un poco de confianza, volví a la tienda y le dije al señor de la tienda que me llevaría la bici.

    Una vez tuve la bicicleta, comencé a ir a clases en Bike New York, donde me enseñaron a dar pedaleos suaves, detenerme, señalar y otro tipo de cosas que son necesarias al momento de estar sobre la bicicleta. Tuve prácticas en espacios grandes, sin obstáculos y también con algunos amigos. Cuando me inicié en la bicicleta tuve mucho miedo.
    Sin embargo una vez que practique y tomé confianza en la bicicleta, en mí mismo y las cosas que me rodean, fue distinto. Entendí que podía hacerlo y que para los momentos de apuro tengo formas de maniobrar, además de un sistema de frenos.

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    Agradece que en el corto tiempo que ha estado sobre la bicicleta, ha logrado estar al frente de equipos de ciclismo y terminar tres triatlones y aunque posee mucho respeto a tener que andar entre el tráfico, ha perdido sus miedos.
    A partir de esto, la autora del libro Miedo Extremo: La Ciencia del Peligro en tu Mente, Jeff Wise, señala que para lograr alcanzar sus objetivos, la ciclista utilizó las armas más poderosa ante el miedo, la información y sentir que controlaba el entorno.

    Traumatizado

    En 2014 mientras competía el campeonato del país de Chattanooga, en Tennessee, vi a Taylor Phinney, con quien suelo entrenar, él comenzó a descender rápidamente y nos separaba una brecha de al menos 30 segundos, íbamos a una velocidad de 80 kilómetros por hora, justo antes de tomar una curva.



    Una bicicleta en medio del camino nos hizo estrellar; yo había salido más o menos bien del golpe, pero Taylor se estrelló contra una pared de concreto y se rompió una pierna, el resto de su cuerpo también había sufrido el golpe. La ambulancia estuvo en el sitio rápidamente, pero ante las circunstancias parecía una vida entera, subí a mi amigo en brazos y bajé la colina. La carrera ya no tenía sentido.

    Después del accidente tuve mucho miedo de la bicicleta, pensaba en cualquier momento que podría accidentarme y no sólo conmigo, sino a otras personas, siempre tenía pensamientos similares.
    Comencé a bajar mi rendimiento y el equipo lo notó, tuve que salir del equipo. Era momento de reinventarme. Fue un espacio de felicidad. Me casé y tuve a una preciosa bebé, mi familia me ha dado tantas alegrías como lo ha hecho el ciclismo.

    Suelo subirme a la bicicleta entre dos y tres veces en la semana, es una manera de mantenerme en forma y de despejar mi mente, pero ya no es mi centro. Respeto mis miedos y en las bajadas no alcanzo tanta velocidad como lo hiciera antes. Creo que ese miedo siempre estuvo, pero antes le ignoraba.

    Un experto opina que él calculó los riesgos presentes y definitivamente tomó una buena decisión, no todos los miedos tienen que ser superados. Luego del percance aprendió a discernir entre cuáles retos tomar y cuáles no.

    Caer de la bicicleta en la montaña

    Era un gran salto el que debía dar, de no ser porque era una altura de casi dos metros, no habría tenido miedo de hacerlo; tenía al menos dos años intentando evitar ese momento, pero era impostergable.
    Corría en Nuevo México, en el Big Mountain Enduro y había hecho una vuelta más lenta que de costumbre, era tiempo valioso que debía recuperar. Me había preparado para eso y sabía que podría superar mis miedos.

    A medida que la carrera avanzaba, mis miedos se iban disipando. Sabía cómo hacerlo, pero a la vez sabía que cualquier error cometido sería garrafal.
    Me preparé para hacer el gran salto, rodé, recree en mi mente el salto y lo que debía hacer. Estaba harto de evadir los miedos. Todo sucedió en mi mente antes de que realmente sucediera en la vida real, de repente la confianza me embargó.



    Lo intenté una vez y aborté, pero en la segunda oportunidad, volví a mi punto de partida, rodé, solté los frenos. El salto fue espectacular y llegué justo a donde esperaba. Luego ya estaba, lo había logrado, así de simple.
    Hubiera querido hacerlo solo una vez, pero en mi interior sabía que debía repetirlo, para consolidarlo. Volví y realicé dos saltos similares, mi cuerpo vibraba y sabía que ahora no tenía miedo, lo había vencido. Había alcanzado la confianza necesaria.

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    Ella logró repetir eso a lo que había temido, expone una psicóloga, haberlo hecho una vez y a pesar de que aún permanecía su miedo, volvió a hacerlo dos veces más, para convencerse de que no era un espejismo o suerte lo que había logrado.

    La distracción creó un miedo

    Era culpa mía, por haber descuidado la conducción mientras intentaba acomodar mis nuevos pedales. Mientras yacía en el suelo, pensaba que el carro había salido de la nada, pero no era así, había sido mi culpa, me estrellé contra algo que siempre estuvo ahí.

    Unos 30 años antes, los pedales no eran ni la sombra de lo que pueden llegar a ser hoy en día, los diseños eran realmente incómodos. Los que utilizaba en ese momento evitaban un movimiento de rotación, al menos así estaban diseñados; aunque no siempre fuera así. Por eso había decidido actualizarme por unos de clip y correa; me encontraba haciendo algunas pruebas cerca de mi residencia, cuando de repente me topé con el auto.
    Sin duda que este accidente creó en mí algunos miedos, lo notaba en los momentos de llegar a los semáforos, recortaba la velocidad con mucha anticipación. Comencé las carreras en la parte posterior del pelotón, para no interrumpir el inicio con otros ciclistas, mientras intentaba buscar el pedal.

    Mi pedaleo sufrió algunos cambios productos del miedo; hice otro cambio y con los nuevos, que tenían más peso en la parte posterior, se garantizaba la verticalidad, eran cómodos y me adaptaba a ellos.

    Hoy he aprendido a tomar los pedales en mis pies sin la necesidad de ver hacia los pedales. En ciertos momentos lo necesario que tengamos los pedales correctos y ser insistentes en lo que nos proponemos.
    Un ciclista profesional evaluó esta situación y determinó que él tuvo la mejor elección, encontró el equipo que mejor se adaptaba a su anatomía, costumbres y miedos. El equipo de protección es siempre una rigurosidad cuando se está pedaleando.



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